Ver television en vivo

Y la calle es, nada menos, una total erección. La lujuria, hecha verdad, es la dueña de la situación. Míralas, tan contentas, tan semidesnudas… es la epifanía de la carne.
Todos los años, el mismo ritual: las mujeres se quitan los abrigos, las botas, las medias, los jerseys, las camisas, y salen a la luz los hombros, las rodillas, los tobillos, los ombligos y los pies de las reinas del mundo. Carne pálida aún, rosada, apetecible: siempre se ha dicho que la carne hay que tomarla poco Ver television en vivo.

Uno va por la calle y, francamente, no sabe a dónde mirar. Aquí esta jovencita con el ombligo al aire, allí esa señora de pantorrillas mordisqueables, allá esa joven que no puede contener la abundancia de sus sagradas tetas en una camiseta intravenosa. Y, en todas partes, hombres que miran al cielo para salvaguardar su dignidad y otros, a quienes la aqui les trae al fresco, babeando penosamente.

Yo babeo. Pertenezco a la pléyade que no puede evitar que este festín libidinoso le afecte, convirtiéndome en una especie de lobo estepario que busca al tran-tran, desconsolado, el desahogo del achuchón rápido y el retoce Canal Caracol en vivo por internet.

Empírica cotidiana

Cierto día, mientras esperaba a un amigo en el intercambiador de Moncloa, a pie de escalera mecánica, me entretuve en un sondeo lujurioso cuyo trabajo de campo arrojó las siguientes cifras:

- Mujeres sometidas al salidómetro: 282
- Mujeres, digamos, revolcables: 230
- Mujeres que ni de coña: 52

Los porcentajes que los saque alguien con un poco más de rigor científico que yo.

Acotaciones técnicas:

- Entraban en estudio todas las mujeres que bajaran por la escalera mecánica, sin distinción por edad, credo, raza, tamaño de nalgas, etc.
- Incluidas menores (unas 3, dos de ellas revolcables) y ancianas (mayores, o con aspecto de ser mayores de 65 años, unas 40, todas ellas ni de coña)
- Entendemos por mujeres revolcables aquéllas con las que uno se daría un revolcón, tan a gusto, si ello no implicara ni cortejo previo ni, claro, amabilidad posterior, ni siquiera conocimiento mutuo de nombres.