Tecnologia moderna

Hoy empezaba un trabajo nuevo, sin ningún tipo de ganas ni motivación. Un horario penoso, un sueldo triste, y un no saber que es lo que tenía que hacer. Salgo de mi trabajo del mediodía para, en una hora, plantarme en el de la tarde, todavía por estrenar. De Moncloa a Manoteras no se llega en una hora, y más sabiendo que al barrio de Manoteras no llega ningún metro, algunos autobuses sí, pero ya se sabe…, Madrid en bus es un caos. Cojo el autobús 7 en la Plaza de Alonso Martínez, cabecera, para apearme en Manoteras, fin de trayecto; son las 15.30, y sólo me queda media hora. Me voy agobiando poco a poco, parada a parada. Me pregunto si realmente tengo necesidad de este cutre trabajo, me ronda la idea de bajarme, de no ir. No por favor, como puedo pensar eso… ¡Maldita sea!, pues lo pienso. A la altura de Concha Espina, de aquí a mi casa 10 minutos andando, al curro todavía me queda otra media hora, y ya son casi las cuatro, me da el pronto y me Tecnologia moderna.

No he llegado, no. Ha sido de repente, de pronto, algo que en cuestión de milésimas de segundos ha cambiado el rumbo de mi tarde, y mi vida. Ahora sólo ganaré 300 euros y poco, para sobrevivir en esta urbe. Sé que tengo en puertas otros trabajos, y quizá por eso bajé en la parada del Hospital de San Rafael, pero no tengo nada asegurado…, sólo que de pronto no quise, algo en mí se rebeló, se leer aqui.

He llamado a la empresa para decir que no voy, que por sus 150 míseros euros me quedo en mi casa. Las voces y los insultos al otro lado del teléfono me estaban hiriendo. Por más que invitaba a ese energúmeno a la calma y a la tranquilidad, él nada, que si yo no era un profesional (que palabra tan grave), que qué falta de compromiso (ya te digo), que no me daba vergüenza llamarme educador (el curro era de actividades extraescolares en un colegio)…, y vete tú a saber cuantas cosas más.

Harto de ser insultado, de pronto he colgado el teléfono. Y de pronto me he sentido bien. Tranquilo. Hacía tanto que no me dejaba llevar por el corazón…

Sólo espero no morir de hambre… (aunque claro con 150 euros mensuales más, tampoco es que me diera pa mucho…).