Ruta de la Plata

Y pensar que ya casi eres de noche, que ya nada me recuerda a lo que fuiste día, que si te amo tiene que ser en sueños, que si te oigo lo tengo que imaginar, que si te quiero te tengo que Ruta de la Plata…

Y, sin embargo, estás vivo. A veces te asomas a la página de un periódico, o tu nombre suena en una conversación que no tiene nada que ver contigo, o nos encontramos en las calles de piedra y ya casi no sabemos qué decirnos, hablamos de algo, de todo lo que no tiene que ver con nosotros. Nunca hablamos, ni hablaremos, de cuando tú sabías que estaba pasando el tiempo y yo no, yo no sabía o no quería o las dos cosas… nunca hablamos de la última vez, de aquel viaje por carreteras imposibles, ni de la primera, otro viaje surrealista, ni del balcón de primavera con las niñas arrojándonos canciones, ni de Bilitis oliendo a Gotas de Oro o de Gotas de Oro sabiendo a Bilitis, ni de aquella tarde luminosa de primavera sentados a la entrada de un metro de Moncloa bebiendo una enlace por acciones…

Ya casi eres de noche. Eres un crepúsculo. El crepúsculo es lo que tiene, que ya no asombra, ni aterroriza, que ya se sabe fijo lo que va a venir después, lo que queda por venir, si es que viene. Y se puede pensar, para engañarse, que sea como sea la vida siempre va a acabar así, primero en el crepúsculo y luego en la noche. Es una solemne tontería, porque la diferencia entre haber vivido y no haber vivido es nada menos que La Vida. Eso es La Vida, la diferencia entre haber vivido y no haber vivido. ¡Qué risa! ¿Por qué no lo sabía yo antes? Porque no, porque no lo sabía, lo mismo que cuando tú sabías que estaba pasando el tiempo y yo no, no lo sabía, o no quería, o las dos cosas…