Peliculas de porno

Rafael era un gitano de piel morena y ojos color aceituna. Su rostro de rasgos varoniles estaba adornado por una nariz algo aguileña, y una boca de labios carnosos que se abrían en deslumbrante sonrisa. Cabello negro y ondulado con largas patillas recortadas que acrecentaban su belleza. Yo, aun siendo una niña, el día que lo vi salir de su carromato con una camiseta interior que dejaba al descubierto sus brazos fuertes y un torso que parecía esculpido en piedra, me quedé sin respiración y no podía dejar de mirarle, por lo que luego tuve que aguantar las burlas de toda aquella caterva de chiquillos que parecía que aun no llegaban a emocionarse por la belleza de Click aquí  cuerpo como aquel.

Aquel domingo por la tarde el circo abría Sexo casero carpa para ofrecernos su primera actuación. Todo el pueblo acudió a tan importante evento. En casa, mi padre se puso su mejor traje, el único que poseía el pobre. Mi madre lucía espléndida con un vestido de flores que tenía guardado en el fondo del armario, se pintó los labios, y por primera vez la sentí ilusionada y casi podría decir que era feliz, hasta el punto que en su boca se dibujaba algo parecido a una sonrisa. A mí me pusieron el vestido de los días señalados. Yo estaba a punto de cumplir los once años y mis piernas habían empezado a crecer desmesuradamente, así que cuando me miré en el espejo de luna del dormitorio de mi madre parecía talmente una cigüeña desgarbada. Cuando estaba observando la imagen que aquel espejo me devolvía, entró mi madre en la habitación. Yo intenté un atisbo de sonrisa, no quería estropear su alegría, y cuando miré en el fondo de sus ojos descubrí una profunda tristeza. Me apresuré a quitarle importancia “Vamos, madre, que llegaremos tarde al circo”. Ella asintió en silencio y salió detrás de mí. Algunos años más tarde, comprendí que la tristeza de mi madre se debía a que en ese mismo momento se dió cuenta que Esperanza, la niña, empezaba a dejar paso a otra Esperanza que, muy pronto, acabaría alejándose de ella.