Libros gratis en linea

Hay días que están llenos de horas que, si estuvieran escritas con tiza en la pizarra, las borraríamos de un plumazo. Son días en los que brilla el sol y la gente ríe a mi alrededor, y lo pasa bien, y es feliz. Pero a mí me envuelve una niebla gris y pegajosa. Y tengo frío.

Y es que hay cosas que, aunque me empeñe, no van a cambiar nunca. Aptitudes contrarias y enfrentadas que son inamovibles. Modos de ver la vida, de enfrentar los problemas, de afrontar los cambios, que cada uno percibe de distinta forma. Y así no se puede.

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Porque en un momento dado, cuando ya me cansé de vestir de “Libros gratis”, de callar mi postura, de contar hasta 10 o hasta 100 si hace falta, para no “marear la perdiz”, llega un día en que tengo la piel en carne viva, las terminaciones nerviosas vibrando como las cuerdas de un violín, la lava bullendo en mi interior como un volcán en erupción. Y estalla. Y se lo lleva todo por delante, abrasadora y destructiva.
Luego llega el silencio, el perdón y la calma. Nadie es culpable del daño ocasionado, pero en su interior cada uno piensa que es el otro. Y sí, hay amor, pero un amor que a veces se viste de rabia, saca sus mejores armas y tira a matar. Homicidio involuntario.

No, no es el amor que relatan los cuentos infantiles, ni el de las películas con final feliz. Y no hay perdices para la cena, en todo caso, pollo con patatas.

Pasó la noche mágica de San Juan y llegó el verano. Esta tarde, para alejarme un poco, o más bien encontrarme y conversar conmigo. Escucharme sin interferencias ni ruidos de otras voces, de otros sentimientos, acudí a mi cita con el mar. Siempre está ahí, inamovible, nada lo perturba ¡cómo lo envidio!. Se acopla, se amolda a los cambios climatológicos, a las mareas, a las lunas, pero su interior siempre es el mismo.
Me hizo bien sumergirme en sus aguas tranquilas y cálidas, y dejarme luego secar por un sol, que suavizó su intensidad para darme el abrazo justo, apretado y tierno, como a mí me gusta.