Crema somatoline

La familia paranormal se prepara para ir a comer a un pueblo de Castellón, a la casa del hermano mayor del patriarca de dicha familia (vamos, a casa de mi tío)
Mi padre está cogiendo bolsas, mi madre poniéndose unos pantalones, yo pintándome los labios (¡¡uys, o sea!!) De repente, mi hermana se pronuncia:
-Mamá, ¿y allí podré echar una Somatoline?

Debió de ser una premonición. Porque cuando después de comer salí al parque con mis primas peques y mi primo Paco más sus dos perros (yo me imaginaba que éramos como una gran familia feliz: Paco el marido -¡es más guapo y más listo!-, yo la mujer -un bombón a pesar de mis múltiples hipotéticos partos :p -, mi hermana y primas peques nuestras hijas y los perros nuestros simpáticos animales de compañía), como decía, cuando salimos al parque, se me iban acercando todas las niñas, en intervalos de cinco minutos, y me Enlace:


-Tero hacer caca.

¿Sí? Pues dame la mano, maja. Y las metía en casa y se las endosaba a sus padres. A ver, jugar y cariñitos todos los que quieras, pero limpiarles el culo como que no.

Claudia fue el gran descubrimiento del día. La… “hijastra” de mi tía, que se ha echado un novio muy simpático. Le cogí cariño a los cinco minutos de conocerla porque me asombraba lo obediente y buena que era. Cada vez que mi tío me mandaba algo (y se tiró así todo el día “Lauraaaa, saca la bebida”, “Lauraaaaa, corta la tartaaa”, “Lauraaaaa, pon la cosas de picar en platos”) ella se venía corriendo a ayudarme.
-¿Sabes que cuando tenga una hija la voy a llamar como tú?, le decía. Y enseguida salía otra prima celosa: “¿Y como yo no, como yo no?”.

La verdad es que no separarme de ella en todo el día tuvo su efecto: se dio cuenta enseguida de quién era la chachi de la familia: yo :p Porque en lugar de irse a jugar con los más peques, se quedaba allí, sentada a mi ladito escuchándome hablar con mi primo o contándome sus anecdótas. A mí me tenía boquiabierta…
-A ti te tienen que subir la paga Claudia. Con lo buena que eres, ¿¿cómo te dan sólo dos euros y medio?? Mínimo cinco.
-¡¡¡Lauraaaaa!!!, gritaba mi tía. ¡¡¡Calladita estás mucho más guapa!!!
Y lo que al principio era que le gustaba mi pelo o que se quería venir a mi casa a dormir o que me decía que yo tenía que ser una hermana muy guay, al final no acabó del todo bien: lloró cuando tuve que irme y me cogió el brazo para que no pudiera marcharme. “Dos minutos más, quédate sólo dos minutos más…”. Me dio penita, os lo confieso. Me parecía precioso que alguien que cinco horas antes no sabía ni quién era yo, en ese momento se sintiera tan triste porque tenía que volver a casa. Supongo que ella de mí tendrá la imagen de prima mayor alocada; yo de ella tengo un recuerdo precioso y un dibujo de un delfín en un post-it.